martes, 11 de diciembre de 2012

Una forma peculiar de reflexionar.





Parece absurdo que me plantee las diferentes expresiones del rostro, pero  el pasado fin de semana, mi sobrina de ocho años me pregunto:
-¿tita, por que se que el tito está enfadado si no ha hablado?
Al principio me reí, porque pensé “en las cosas que piensa”, pero luego, viendo que ella esperaba una respuesta, le contesté:
-Haber, ¿qué, te has dado cuenta por la cara de enfado que tenia y lo serio que estaba?
Évelyn, que así se llama mi sobrina, me responde:
-Por la cara de serio y la boca tan chiquitita que tenia, como si estuviera apretando los dientes y porque me ha mirado  así (me frunció el ceno para que yo comprendiera mejor lo que me explicaba).
Realmente, en ese momento no le di demasiada importancia y le contesté de la primera forma que se me vino a la cabeza (para salir del paso). Sin embargo, unas horas después, (yo y mi manía de analizar las preguntas que me hacen cuando ya no tiene solución lo que he respondido), me di cuenta que lo aprendemos desde pequeños.
Sé que es un poco difícil analizar este método de aprendizaje que experimentamos de manera natural. Aun así, quiero arriesgarme.
Cuando somos bebés, no conocemos los sentimientos, sino que simplemente cuando tenemos hambre, nos duele algo o queremos que nos cambien, lloramos. Por el contrario, cuando algo nos es agradable  o divertido, sonreímos, incluso reímos a carcajadas. Esto no lo aprendemos, es decir, nos sale de manera natural.
Sin embargo, con el paso del tiempo, cuando vemos una cara sonriente, triste, enfadado, angustiado, serio, inquieto…podemos darle significado. Y esto es, gracias a nuestra capacidad de saber relacionar las emociones propias con las emociones de otras personas.
Estas diferentes expresiones no verbales son las que a diario utilizamos, y que para un educador o trabajador social son muy importantes de transmitir. Ya que gracias a ellas podemos emitir nuestro estado de ánimo y lo podemos contagiar según el caso.
Hay personas como los niños autistas que no comprenden estas expresiones, por lo que habría que trabajar con ellos para que, aunque no lo entiendan, al menos sepan relacionar los conceptos de tristeza con la cabeza cabizbaja por ejemplo.
Con esto, quiero hacer referencia  no solo a las expresiones faciales, sino también a los gestos que hacemos con las manos y a su importancia en la educación social y con ello para la didáctica. Ya que, mientras mayor sea la gesticulación mayor será también la transferencia de información y con ella su comprensión.

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